Cada mañana yo solía sonreír pensando en ti,
cada segundo yo solía respirar,
porque tú me dabas aire,
cada tarde yo solía saltar de felicidad al verte,
pero cada madrugada no tenía que soñar,
porque te tenía, porque tenía mi tesoro,
mis sueños eran realidad.
Ahora cada mañana ya no sonrío pensando en ti,
me invade la tristeza,
cada segundo ya no suelo respirar,
no me das tú aire,
cada tarde yo ya no salto de felicidad,
porque ya no te veo,
pero tampoco sueño cada madrugada,
porque no duermo, no vivo,
me aferro a recuerdos para no morir.
Y es que cuando eres tú mismo el que entierra tu tesoro,
la vida pierde aún más el sentido,
tus días se desmoronan,
tus ojos sólo lloran,
y tu cabeza sólo grita un nombre,
un lugar,
una fecha,
un adiós.
Tesoro perdido
miércoles, 4 de mayo de 2011
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David Bayona
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Etiquetas: poesía
Tormenta, huracán y destrucción
martes, 3 de mayo de 2011
En un día has sentido más dolor del que tu cuerpo puede soportar, y estas en la cama esperando una súplica, algo que ya pediste anoche y algo que esperas cercano, un final al dolor, poner fin a todo este desafío interior que te mata.
Solo en un día, él se ha ido, y todo por tu culpa, y aunque llores sabes que es tu culpa, que te lo has ganado, que has decepcionado tremendamente y que jamás volverás a respirar del mismo modo sin él, porque él era tu aire.
Ahora ella también parece que se va, poco a poco, y con ella los recuerdos de tu infancia, cuando aun no eras un monstruo.
Si ellos se van, por qué yo no?
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"Apagón" a la democracia y a la pluralidad
viernes, 18 de febrero de 2011
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Versos de borracho e historia alcohólica
sábado, 22 de enero de 2011
Un trago, dos,
mis ojos pierden el punto de apoyo,
mi cabeza empieza a dar vueltas,
y tú no estás para sujetarla,
sólo yo y mi vaso,
en esta fría habitación,
con este frío cuerpo añorando tus labios,
y hace frío.
En mi copa he vaciado sentimientos,
me los beberé para emborracharme con ellos,
me los beberé para sacarlos de mi corazón,
diluirlos en alcohol y hielo,
mezclarlos con lágrimas tristes,
y beber, como si ya no estuvieras,
ya no estás.
Te creo ver entre mis recuerdos,
parece que aún estás por allí;
bebo;
parece que ahora te vas escapando,
te vas haciendo cada vez más translúcida,
como el cristal de mi vaso;
bebo;
respiro;
lloro;
y ya desapareciste de mi mente,
jamás volveré a pensar en tí.
Expiro como últimas palabras estos versos de borracho,
esta historia alcohólica que yacerá en el fondo de algún alma,
rezo, tiemblo;
Miro el bote de calmantes sobre la mesa,
antes de caer observo la botella vacía,
cierro los ojos,
y hoy, más que nunca, eres translúcida,
como un ángel, ya te no recuerdo,
ya no vivo más.
D.B.
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Doce versos peregrinos
miércoles, 19 de enero de 2011
Camino entre silencios rotos,
soñando con un futuro ambicioso,
tocando el cielo para luego sonreír,
mirando el sol y saludándolo alegremente.
Camino entre tristezas rotas,
soñando con el firmamento límpido,
tocando estrellas fugaces para luego volar,
mirando cometas y montando en ellos para llegar lejos.
Camino entre imposibles rotos,
soñando con un mañana imparable,
tocando días y segundos que me lleven a ganar,
mirando esta batalla que hoy más que nunca hay que librar.
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Historia de una sociedad: de CNN+ a GH24h
sábado, 15 de enero de 2011
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Paraíso Perdido
viernes, 14 de enero de 2011
Se enciende el tiempo entre las sábanas,
se quema el momento entre los enredos,
arde la esperanza entre los lamentos,
brilla el aire entre los silencios,
y se apaga el recuerdo entre los estruendos.
Sonríes frente al espejo recordando cada minuto,
te sientes estúpido, ajeno a todo aquello,
buscas la razón, buscas en tu corazón,
y ya no sabes qué sentir, no sabes dónde estás,
no sabes si fallaste, erraste, te equivocaste.
Tarde, sientes que es tarde para actuar,
que ya nada podrá ser como esperabas,
que los años pasan y la desesperanza te alcanza,
que te estancas entre esas sábanas que antes se encendían,
y lloras, entre la pared y la cama,
lloras como si no existiera mañana,
si fueras un simple espíritu sin sueños.
Devenir, gran secreto oculto entre libros,
te preguntas acerca de tus próximos pasos,
navegas entre ríos de desconcierto,
te encierras entre las cuatro paredes,
las cuatro paredes del miedo.
el silencio,
la desconfianza,
la desazón.
Y lloras, entre la pared y la cama,
como si no existiera mañana.
D.B.
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